Notas sobre el Pequeño Norte: "Vinos que no son cuyanos"

Anexo al post anterior

Antes que me olvide, algo que me quedó en el tintero en el post sobre la ciudad de Salta: Las peñas folklóricas son una trampa para turistas. Los shows no son malos, pero cobran demasiado por el derecho de espectáculo, y la comida es cara y no es de la mejor calidad (al menos en la peña a la que fuimos nosotros, con mi madre, mi abuela y mi tía que casualmente estaban en Salta en la misma fecha). En casi cualquier restaurante turístico del resto de la provincia y sobre todo en la provincia de Jujuy, de la que hablaré en unos días, hay algún tipo de show musical y no se cobra derecho de espectáculo, sino que es "a la gorra". Esto significa que paga el que quiere, cuando quiere. Sí, las peñas de Salta tienen algo de baile y vestimentas (no siempre) típicas que agregan algún tipo de "color" extra a la experiencia, pero en mi opinión, no se trata de algo imperdible.


Ahora sí

Cafayate

El 16 de abril partimos en un micro de la empresa FlechaBus desde la terminal de Salta y viajamos hasta Cafayate, al sur de la provincia de Salta, bastante cerca de la triple frontera con Tucumán y Catamarca.

Camino de Salta a Cafayate

Creo que el camino era lindo. La verdad que no me acuerdo. Maite dice que tuvimos que bancarnos a un tipo que roncaba muy fuerte y no paró de hacerlo en todo el viaje de algo menos de 4 horas. Yo me acuerdo de alguien roncando pero no me acuerdo si fue justo en este. Le voy a creer a Maite.
Como se observa en el mapa, el viaje se realiza por la ruta 68, la mismísima avenida principal de Cafayate es parte de la ruta 40. Por esa calle/ruta se accede a la ciudad, y sobre la misma se encuentra la terminal de ómnibus.

Apenas entrando ya se observan viñedos y bodegas. Honestamente no tenía idea de que en la provincia de Salta se producían vinos. La mayoría de las bodegas argentinas (las famosas, las premiadas y las que no tanto) se encuentran en Mendoza, y tal vez alguna en San Juan. Mendoza, San Juan y San Luis conforman la llamada "Región de Cuyo". Cafayate me recordó mucho a una ciudad de la provincia de Mendoza llamada San Rafael, también plagada de viñedos y bodegas. Comparten de igual manera un horizonte montañoso. La diferencia es que Cafayate se encuentra mil metros por encima de San Rafael en cuanto a la altura sobre el nivel del mar (1683 msnm contra 690 msnm). Ah, y además, Cafayate es unas 10 veces más pequeña que San Rafael. No me puedo quejar, ya que me prefiero mis ciudades poco pobladas y con bajos precios (?).

Dejando de lado las comparaciones, Cafayate se puede definir como un hermoso lugar rodeado de montañas de colores varios, con viñedos y bodegas por todas partes. Es un pueblo muy tranquilo y fácil de caminar ya que está en un valle, es llano, y no hay mucha gente (al menos no los días que estuvimos ahí). Todo tiende a ser muy relajado en Cafayate. A veces, demasiado.

El ejercicio de la paciencia que hay que realizar a veces en Cafayate se extenderá al que tendrá que realizar usted, lector, para llegar a las anécdotas graciosas que formarán parte de este artículo.

Inicialmente habíamos reservado dos noches en unas cabañitas al límite de la civilización pero aún así muy cerca del centro (es decir, más allá de donde estábamos nosotros todo era campo, pero en la otra dirección no había ninguna separación con el resto del pueblo, y hasta teníamos otros dos hostels exactamente al lado). El hospedaje se llama Hostal del Suri y lo recomiendo sobre todo porque nos trataron de manera excelente y encima nos hicieron un muy buen precio. Los baños eran muy chicos pero esa es la única queja posible. El desayuno fue de los más completos que tuvimos en todo el viaje, ya que fue el único en el que hubo frutas como opción. Nos atendió Carlos, quien también nos puso en contacto con los guías que necesitábamos para las excursiones que podíamos hacer desde Cafayate. Todo redondo. Tan cómodos estábamos, y tanto nos gustó el pueblo, que nos quedamos ahí una noche más de lo programado.

Alrededor de la plaza principal hay algunos restaurantes que no parecen muy buenos y que tienen los mismos precios que en Salta capital (o sea, caros). Por eso, en cuanto a la gastronomía, Carlos nos recomendó lugares para comer barato y uno para darse un lujo. Sobre la calle Rivadavia, alejándose dos o tres cuadras del centro, hay varios comedores realmente baratos. El más concurrido se llama El Hornito, y se trata de un lugar que sirve comidas típicas (básicamente empanadas, humitas, tamales y cazuelas) a la mitad del precio que cobran en la plaza. Cuando llegamos el domingo, quisimos almorzar ahí, pero después de un rato de estar sentados en una de las últimas mesas del restaurante casi lleno y enterarnos que nadie tenía idea de dónde estaba el mozo que atendía nuestro sector, nos fuimos a la esquina, donde había otro comedor donde servían un cuarto de pollo con papas y una sopa por apenas 50 pesos (que son menos de 3,50 USD). Nos sentamos ahí en una mesa afuera y nos atendió el mozo más eficiente del mundo. En un segundo nos trajo la carta y el pan, hicimos el pedido, y casi enseguida nuestras bebidas estaban sobre la mesa. Muy poco después llegó la sopa, y apenas la terminé llegaron los platos principales. La comida no era nada mala. Le dejamos al mozo un poco más de la propina habitual porque realmente se la ganó. Si lo veo ahora, lo vuelvo a felicitar. Creo que el lugar se llama Don Víctor Resto Bar, pero esto lo dice Google, no yo. Estaba en la esquina de Buenos Aires y Rivadavia. Por si les interesa.

Con respecto a los mozos del Hornito... no, jajajajaja, todavía no lo digo. Lo mejor lo guardo para el final.

Sigo por orden cronológico, si la memoria no me falla. La primera excursión que realizamos fue la de la Quebrada de las Conchas.

Descripcion grafica Quebrada de las Conchas, descripción gráfica

Mucha gente hace esta excursión desde la ciudad de Salta, en un día, visitando apenas las formaciones conocidas como El Anfiteatro y La Garganta del Diablo. Puedo imaginar que alrededor del mediodía estos lugares son un mar de gente, y pienso que, con la excelente acústica del Anfiteatro, tal situación puede ser bastante más molesta que disfrutable. Por suerte, nuestra excursión fue diferente. Comenzamos desde Cafayate, parando en varias entradas que había en la Quebrada, y en algunas de las paradas nuestro guía nos llevó a caminar un buen rato hacia la nada misma (la caminata más larga fue la de La Yesera, donde irónicamente queda muy poco yeso a no ser que uno se meta muy lejos en el camino), pero la verdad es que estuvo interesante porque metiéndose un poco por los senderos se pueden obtener buenas vistas que desde la ruta uno se perdería. Hay una piedra que me gustó mucho porque en mi mente se asemeja a una ballena enorme saliendo del agua, solo que la ballena es de piedra y el agua es arena, arcilla o más piedra.

Ballena La ballena (según yo)

El Anfiteatro es como una caverna sin techo abierta por la erosión provocada por el agua. Como ya mencioné anteriormente, dicen que la acústica allí es increíble y que allí dio conciertos Mercedes Sosa y otras gentes más. Como ya era bastante tarde (tipo 17:30), había poca gente, pero se notó lo de la buena acústica porque había un chico tocando un charango o un ukelele —¿o era una guitarra? ya ni me acuerdo— y una chica cantando no muy afinado pero tampoco tan mal, y se escuchaba amplificado, como si estuvieran más cerca de uno de lo que realmente estaban, sin importar dónde estuvieras parado. Lo increíble es que esto sea una formación totalmente natural. La Garganta del Diablo es otra abertura entre las piedras, también formada por el agua hace qué se yo cuánto tiempo. Tiene algunos paredones bastante empinados pero que se pueden trepar, con algo de cuidado y ayuda de alguien más alto, tal vez. Es un lindo lugar, pero no me pareció gran cosa, para ser honesto.

Anfiteatro Anfiteatro
Garganta del Diablo Garganta del Diablo, desde adentro

Podría decir que caminata guiada del día siguiente fue lo primero que realmente me voló la cabeza del NOA. No sé si sería cierto. Pero de alguna manera terminó de despertar mi interés, que todavía estaba un poco sedado por la experiencia agridulce de Salta.

A unos 7 km del pueblo (o tal vez eran 4) se encuentran las cascadas del Río Colorado. Dicen que son siete cascadas, aunque, como siempre, el número 7 surge de decidir de manera un poco arbitraria qué salto cuenta como una de las cascadas y cuál no. Nos guió un chico llamado Agustín. Obviamente conocía muy bien el camino y nos resultó de mucha ayuda porque hay que cruzar muchas, muchas, muchas veces el río aprovechando las piedras que hay en algunas partes, y más de una vez el guía fue el que evitó que termináramos bañados. En enero o febrero, tirarse al río puede ser divertido, pero en abril, el agua está que brrrrrr. Sí nos resbalamos un par de veces, pero no nos lastimamos.
Nosotros vimos solo 4 cascadas de las 7 que cuentan porque hay una parte en la que se abren dos caminos, uno "cansador" y otro "difícil y peligroso", y para ver las otras 3 hay que tomar el camino difícil, que según dicen tiene partes muy angostas, algunos saltitos complicados y precipicios bastante vertiginosos. A nosotros que somos cortos de piernas y que veníamos a los resbalones y con calzado inadecuado nos recomendaron el otro camino; igual ambos llegan al mejor lugar que es el final.

Primera cascada Primera cascada (me quedó muy bueno el efecto seda en el agua, por eso la pongo :D )

El guía se quedó fascinado con nuestra cámara de fotos (que está muy buena pero tampoco es lo más de lo más). Lamentablemente, no le enseñamos bien cómo usarla y algunas de las fotos que nos sacó salieron desenfocadas y/o mal encuadradas, pero bueno, lo que cuenta es la intención. Lo que no puedo dejar de mencionar, porque todavía tengo la imagen grabada en la retina, es que el guía en un momento se ofreció a sacar una foto de la "quinta cascada", que nos habíamos perdido por tomar el camino menos peligroso. Para tomar la foto, el tipo se acostó boca abajo sobre el borde de un precipicio de, no se, decenas de metros, sin pasarse la correa de la cámara por el cuello. Creo que con Maite nos imaginamos todas las posibilidades de lo que hubiese pasado si la cámara se le caía de las manos. El guía siendo empujado; yo saltando al precipicio; Maite empujándonos a los dos al precipicio... no, ni idea. En realidad nos dio un ataque de pánico y le insistimos al guía que por favor, por favor, por favor se pasara la bendita correa. Finalmente, tras mucha insistencia, accedió. Y bueno, después sacó la foto, pero ni me acuerdo de la foto porque me quedé demasiado traumado con la situación esa.
Creo que la foto es esta que sigue.

Terror La foto del Terror

En fin, la gran atracción, además del trayecto que ya es bastante atractivo de por sí con sus subidas, bajadas y cruces del río, es la última cascada y la pequeña laguna que se forma donde cae el agua antes de seguir su curso hacia abajo.

Septima cascada Finalmente, la séptima (y mejor) cascada

Esa noche cenamos en un lugar ya mencionado: El Hornito. Bueno, esta vez llegamos bastante temprano y no había mucha gente, pero se fue llenando rápidamente. Muchos eran lugareños. Tiene sentido porque la comida es barata y buena, pero realmente hay que tener la paciencia de los lugareños. Había un grupo de 4 o 5 turistas extranjeros en una esquina que estaban antes que nosotros; no tenían mucha cara de satisfechos con la atención, pero sí parecía que estaban comiendo bien. Bueno. Ahí estuvimos sentados en una mesa en el sector central, bien visibles, esperando que nos atiendan. Maite dice que vio en otra mesa a un hombre sentado que en un momento se rascó y se olió los sobacos. Después no lo vio más. Un rato después, ese mismo tipo vino a atendernos. Claramente no era una persona muy despierta, pero después de un tiempo significativo de espera, nos trajo la humita, el tamal y las empanadas que habíamos pedido. Una vez que terminamos de comer, buscamos al mozo con la mirada para pedirle la cuenta. Ni rastros del loco este. Habremos estado, no sé, diez minutos o más esperando que aparezca, y terminamos pagando en el mostrador. No supimos más de nuestro mozo... por ese día.

El día extra que nos quedamos, fuera de programa, fuimos a visitar dos bodegas.1 Una quedaba a la vuelta del hostal: la bodega Nanni. Lo que visitamos fue la planta donde producen y almacenan el vino. Los viñedos no están cerca de la planta, a diferencia del caso de muchas otras bodegas que tienen los viñedos y la planta en el mismo predio. La bodega Nanni es de las más antiguas de Cafayate, según nos dijeron, fundada a fines del siglo XIX. Está en una casa antigua con un bonito patio y un restaurante al fondo. La visita guiada es gratuita y te ofrecen una pequeña degustación de uno de sus vinos al final, con la opción de pagar para probar algunos más. Nos enteramos que en Salta se especializan en vinos blancos, en particular el tipo Torrontés, que es bastante dulce. A mí no me gusta mucho el vino, ni tampoco a Maite, pero el torrontés tardío que probamos nos pareció muy rico. Más adelante, en otras partes de Jujuy y Salta, vimos que los de Nanni eran de los vinos más presentes en las cartas, pero fuera de la región son más difíciles de conseguir porque en el resto del país se acostumbra tomar vinos mendocinos, o algo así nos contaban. Es cierto, acá en el supermercado chino, el único vino salteño que vi fue el de la bodega Amalaya. El resto, casi todo de Mendoza. Los vinos están certificados como orgánicos, lo que (creo que) significa que no usan pesticidas ni otros químicos en sus viñedos. En realidad, me puedo estar equivocando, porque no me acuerdo qué quiere decir que el vino sea orgánico y no ayuda en nada que yo no sepa un pomo sobre vinos. Google it.

Bodega Nanni Patio de la bodega Nanni (está un poco torcida pero bueh)

La otra bodega que visitamos fue la Bodega Piatelli. En varios aspectos es todo lo contrario a la Bodega Nanni. En lugar de estar cerca del centro, está a 4 km (¿o eran 7?). En lugar de estar establecida en Cafayate desde hace más de 100 años, llegaron ahí hace menos de 10 años, y los capitales son extranjeros. El apellido de los dueños no es Piatelli ni nada que ver. No sé por qué se llama así (en este aspecto no puedo comparar con Nanni porque no tengo ni idea de quién es el dueño de esa bodega). Tienen una finca enorme, gigantesca, con muchas vides por todos lados, y la bodega es una casa lujosa con un restaurante bastante caro y una fábrica más moderna pero que en principio funcionaba de manera similar a cualquier otra. Lo lindo de esta bodega y sus viñedos es que parece que uno estuviera en un lugar muy lejano en Italia o España o no se dónde. Nos dimos el lujo de almorzar ahí. Fue la comida más cara de todo el viaje, pero tampoco fue una locura de plata, y la verdad es que la comida estaba muy rica. También fue la única vez que tomamos una copa entera de vino en todas estas vacaciones, porque, como ya mencioné, no nos fascina el vino en general, pero almorzando en una bodega nos pareció que teníamos que tomar el vino de la casa. Fue un torrontés, por supuesto, y para nuestros ignorantes paladares estaba muy bueno. Después hicimos la visita guiada por la bodega, sin saber que no era gratuita ($70 sin degustación, $100 con degustación de vinos comunes y $150 con degustación de vinos gran reserva). Al final pedimos la degustación de $100 para justificar el precio. Otra vez, a mí personalmente los vinos me gustaron. Los vinos salteños tienen menos cuerpo y son más dulces y ácidos que los mendocinos, y supongo que por eso en general no tienen tan buenas críticas de los conocedores, pero a mí me gustan más por ser así. No soporto, por ejemplo, un Cabernet Sauvignon mendocino. Díganme de todo, pero no me gusta, punto.

Dato curioso: El chico que nos guió por la bodega era mercedino. Mucho más joven que yo, así que no lo conocía, pero vivió muchos años en el pueblo donde viví desde 1997 hasta 2007. Siempre, en todo viaje que hace un mercedino a cualquier lado, por ley natural, debe encontrarse con otro mercedino. Está comprobado por expertos de la NASA.

Bodega Piatelli Bodega Piatelli La "finquita" Piatelli...

Volvimos a la ciudad minutos antes de las 17 horas para ver el Museo de la Vid y el Vino, que, según la cartelería, cerraba a las 18. En la entrada, no nos quisieron vender el boleto. Faltaba una hora para el cierre. Ni que fuera el Louvre... En fin, nos perdimos ese museo, pero prefiero pensar que ellos se perdieron nuestra honorable, distinguida visita. Hijos de su madre.

La última cena en Cafayate fue en un lugar llamado La Casa de las Empanadas. Debo decir que el nombre está bien puesto. Es el único lugar que conocimos en el NOA que tiene más de cuatro variedades de empanada. Tienen 11 o 12. De verdad. Todas al horno. Pero aún así, las que destacan son las de carne salteña (las que están en cualquier otro lado) que se diferencian de la mayoría por estar rellenas de carne cortada a cuchillo, en lugar de carne picada. También tienen papa y cebolla y todas las cosas que tienen las empanadas salteñas (pendiente: buscar receta). Muy ricas empanadas. Del ranking de las mejores empanadas al horno, las de La Casa de las Empanadas ocupan la primera posición, la cual comparten con otras que comeríamos como 10 o más días después en un lugar que será mencionado en el momento pertinente. La decoración es muy particular en este restaurante: todas las paredes están escritas con marcador negro por comensales destacando a) lo rico de la comida y b) el lugar de donde habían venido. Bueno, algunos solo la b) y el nombre de algún equipo de fútbol. Detalle adicional: las empanadas son el doble de caras que en El Hornito (o sea, tienen el precio normal de los restaurantes turísticos), pero bueno, la calidad de la comida es superior. Había show: un tipo medio borracho tocando la guitarra y cantando. Hacía chistes muy locales que seguramente los extranjeros no podían entender ni de casualidad, algunos un poco ofensivos, y otros chistes muy malos de los que me reí durante días. Yo lo pasé bien, no sé.
¡Ah! Me olvidaba lo más importante. Mientras comíamos en La Casa de las Empanadas, entró un hombre vendiendo llaveritos conmemorativos de Cafayate. Lo gracioso es que Maite reconoció enseguida al tipo: ¡era el "mozo" que nos había atendido en El Hornito! Por fin entendimos el motivo por el cual había desaparecido la noche anterior: seguimos sin saber si era un mozo de verdad o no, pero lo cierto es que en cierto momento de la noche, este señor se va de su supuesto puesto2 de trabajo para vender llaveros en un restaurante más concurrido por turistas.

Esa madrugada nos despertó una lluvia torrencial que debe haber durado aproximadamente una hora. Algo muy raro ya que todo el mundo nos venía diciendo que era prácticamente imposible que lloviera a esa altura del año. Por suerte, esa fue toda la lluvia que tuvimos en el período de más de dos semanas que duró nuestro paseo.
Partimos muy temprano esa mañana, sin lluvia pero con las calles mojadas. Como los horarios de los ómnibus a Salta eran malísimos, probamos tomar un remis. Los remises paran todos en una esquina de la plaza principal y en general esperan que haya cuatro pasajeros para llenar el auto y hacer buen precio. Cuesta prácticamente lo mismo el pasaje de micro que la parte que le toca a cada uno del viaje compartido en remis, y uno se ahorra realmente mucho tiempo. Claro que esto es algo que nadie en su sano juicio haría en la zona de Buenos Aires, donde subirse a un auto desconocido de alguien que dice que hace viajes a otro lado por un precio razonablemente bajo, sin la más mínima señalización de eso (simplemente está la gente en sus autos en esa esquina y uno tiene que ir y preguntar si hacen viajes a Salta), es casi una garantía de que vas a meterte en problemas.
A nosotros nos tocó compartir el auto con lugareños, y creo que en general es así. Me pregunto si en el caso de llenar un auto con cuatro turistas les cobran lo mismo... Voy a suponer que sí. La gente en el NOA es más sencilla y honesta que la de por acá. Buenos Aires es basura.

Llegamos rápidamente a la terminal de ómnibus de Salta en el remis e inmediatamente intentamos sacar pasajes hacia Purmamarca, provincia de Jujuy. Algo falló. Lo voy a dejar en suspenso para el próximo post. Un abrazo, amigos lectores.

  1. No se si fue el mismo día que también visitamos una fábrica de quesos de cabra y de vaca. Me re olvidé de comentar sobre eso, pero ya me cansé. Los quesos de Cabras de Cafayate son muy sabrosos. Eso es todo lo que tengo que decir.

  2. Cabra
  3. La repetición de sonidos en "su supuesto puesto" es deliberada. ¿Está muy mal? No lo sé ni me importa.