Liberen a Moe

"Libre, como el sol cuando amanece, yo soy libre como el mar". Bolazo, cualquiera, mentira. Si hay algo cuestionable en el mundo, eso es la libertad. Y el gobierno. Y... todo, en realidad. Pero ahora no puedo cuestionar todo, o sí, y ya lo he hecho, diciendo como siempre que lo que yo propongo acá son posibles puntos de vista, pero que no tienen por qué ser correctos, y hasta puede ser que no sea lo que realmente piense. Acá voy a tirar lo que se me ocurra y si me contradigo, no hay drama, es simple prueba de que el que escribe soy realmente yo.

Porque cuando te agarra el escepticismo, te agarra, y fuiste. Pasa que entre tanto mal y tanta boludez, lo único que se le ocurre a uno es que todo lo que creía es una forma de tratar de sentirse bien aún estando todo mal.

Bleeeh, esto es tan emo. Cambiemos de perspectiva. End seriousness.

A lo primero: No pienso que tirar todo a la mierda sea una expresión de libertad. Perdón, eso no es lo primero; nomás es una consecuencia de lo primero. Esto es, que SIEMPRE UNO ES ESCLAVO DE ALGO. Y ese algo siempre, siempre, son muchas cosas. La guita, la religión, la joda, la fiaca, el laburo, los medios, todo, hasta lo que parece liberar, esclaviza. No zafás. No se qué dijera Platón y esos locos griegos, pero si el conocimiento nos libera, yo soy mi propio abuelo o algo así. Es verdad que sabiendo podemos evitar ciertas cosas que nos esclavizan, pero terminaremos esclavizados por esas cosas que conocemos. Hasta donde se, Platón no decía eso, decía algo del mundo de las ideas y que había que liberarse de la contingencia de nuestro mundo y que se yo, y para eso había que conocer el mundo de las ideas mediante el pensamiento. Epa, ojito acá. Los griegos tenían ESCLAVOS, los filósofos empleaban su tiempo libre, o sea, casi todo su tiempo, en pensar boludeces, porque tenían la mosca y nadie les hinchaba las pelotas con el "hacé esto, hacé aquello", y así es fácil, viste. Ahora no se puede. Pero de todos modos, ya los quería ver yo sin sus esclavos, a ver qué onda. A la larga, debían ser esclavos de sus esclavos, porque sin ellos no se podían poner a filosofar. Pero además, lo que uno sabe le condiciona la vida, le cambia los hábitos, el pensamiento, y si bien puede que lo saque de una forma de esclavitud, lo termina metiendo en otra distinta.
De todas formas, ese no es un buen ejemplo, y no lo desarrollé bien, por dos motivos: uno, que no viví en Grecia, y dos, que no soy estudiante de filosofía, sino de ingeniería, así que lógicamente lo que piensen los demás sobre el mundo me da terriblemente lo mismo (no dejo de agradecerles que se autoflagelen leyendo esto).
Creo, francamente, que tenemos muchos mejores ejemplos en esta época, aunque hay algunos ejemplos generales que sirven para toda época y para todo mundo posible. Ahora, a la contingencia del mundo actual, y los "masib midia". Sí, el cuarto poder que ya es el segundo. Horror. Lo que en la edad media era la Iglesia, ahora son los medios, una cosa así. La opinión que tenés suele depender del diario que leés, y si sos de ver noticieros en la tele, es más para despotricar acerca de las cosas que no nos satisfacen de la opinión de los demás, que para enterarnos de cualquier cosa que pasa. Y lo peor es que nos quejamos desde nuestra opinión, opinión que nunca es nuestra. Nos dejamos influir, aunque pensemos que no, por lo que nos dicen los medios. Y también un montón de gente, por supuesto. En general, de todas las opiniones diferentes que muestran los medios, aceptamos la que nos transmite la familia, los amigos o alguien que por alguna puta razón nos parece admirable, aunque por ahí es un gil cualquiera. Ya es bastante con eso: libertad son Lamarque y la Estatua. Un nombre nada más, porque el concepto es ridículo y autocontradictorio.
Agregaría el asunto de la religión pero tengo algo de miedo de herir algún sentimiento. De todos modos, me parece que ni el más religioso puede negar que la religión tiene un alguito de "Opio de los Pueblos". Si uno pudiera decir que las religiones están basadas y limitadas a lo que dice un libro viejísimo, vaya y pase, en una de esas es verdad. Pero no se puede negar que cada religion agrega un montón de normas y de dogmas y de cosas que no aparecen mencionadas en los documentos y que a veces son producto simplemente de una costumbre, o de una cierta idolatrización (ofuscada por los líderes religiosos, lógico), o de la conveniencia de ciertos sectores. Por lo demás, lo que digan los documentos puede ser verdad o no, puede haber o no un cielo y/o un infierno, pero no me siento convencido. Más que nada por los límites a veces absurdos a los que nos someten la creencia. Como ya dije, no por esto me creo libre; al fin y al cabo, uno se termina esclavizando por lo terrenal. Por ahí ese es el sentido de la religión, tratar de evitar que eso suceda. Dentro de un límite sensato.


Mmm... no me estoy riendo, esto no es bueno. Qué pasa acá... ¿A dónde se fue mi inspiración? Graaahgh.

Bueno, hay más ejemplos de cosas que esclavizan y limitan. Con estos basta por hoy. Ahora una pequeña historia genérica.

Llegó la noche y el nene se tenía que ir a dormir. Por eso le pidió a su papá que le leyera un cuentito. El papá tenía secretamente las pelotas llenas por el laburo de todo el día y el pendejo que no cerraba la boca ni se quedaba quieto, y encima, el nene le viene a pedir que le lea un cuentito. Sin mirar, agarra un libro de la fila de la biblioteca donde estaban los libros de cuentos, y se dirige hacia la pieza del chico, que, increíblemente, ya se había acostado y estaba relativamente quieto, esperando a su padre. Se sienta el señor en una silla al lado de la cama, y recién ahí mira el libro. Nunca lo había visto antes, ni sabía de dónde lo había sacado, pero si estaba en la fila de los libros de cuentos infantiles, por algo sería. Probablemente porque se trataba de "La Princesa Genérica y el Dragón Maravilloso". Sonaba a título genérico, uno de tantos. Raro que mencionaran a la princesa como genérica y al dragón como maravilloso, y no al revés. Aunque en lo que hace a estos cuentos, ambos personajes suelen ser totalmente genéricos. En fin, abrió el libro y empezó a leer:

-"Había una vez, en las cercanías de un volcán activo como cualquier otro, un castillo magnífico como el de Camelot o el de cualquier otro cuento. De hecho era bastante parecido a cualquier castillo de Europa Occidental, pero más genéricamente maravilloso. Torrentes de lava bañaban su base, y tenía torres altísimas y enormes. Y la entrada al castillo estaba conectada con un camino largo que llevaba a un pueblo, mediante un puente enclenque y con cuerdas roídas. Como se vio en la película Shrek, más o menos, pero más genérico."

-Papá-observó el niño-, ¿Shrek no es una marca registrada? ¿Por qué está en ese libro?

-Nene-respondió, harto, el padre-, ¿vos qué sabés de esos asuntos? Escuchá el cuentito y dormí. Decía: "En una de las torres, estaba encerrada la única persona que habitaba el castillo. Era una princesa hermosa, con una figurita estilo Barbie (ya se, marca registrada) y absolutamente genérica. Sus cabellos eran largos y rubios, limpios y relucientes, a pesar de que ni en la torre ni en el castillo había duchas, porque no se podía hacer llegar el agua allí. Y además, la princesa no podía salir de su torre. Estaba encerrada allí, con la puerta sólida de hierro con fuertes goznes cerrada con 100 llaves diferentes. El solo nombre de la princesa, deseada por miles de principes aún más genéricos que ella, causaba un estremecimiento en todos y cada uno de los hombres de la comarca, que morirían por un beso suyo, o por tener su mano y su corazón, al menos en un frasco de vidrio." Eh... qué estoy leyendo... ¿leí mal? No... emm... sigo: "El nombre de la princesa era Moe."

-¿Moe? ¿Eso no es nombre de varón?

-No se, acá dice que la princesa se llamaba Moe. Por ahí es en un idioma raro...

-Pero no se puede llamar Moe.

-Y qué querés que le haga, nene, si querés le pongo Catalina, pero no te estaría leyendo el cuento. Dejame seguir. "Si bien la princesa Moe era el mayor deseo de todos los valientes, la mayoría eran lo suficientemente cobardes como para acercarse a ella. No tanto por miedo a las frecuentes erupciones del volcán, sino por el típico dragón increíble, gigantesco, escupefuego y poseedor de todas las carácterísticas de un dragón volador genérico de cuento de hadas. Un mago malvado había intentado hechizar al dragón para que siempre cuidara la entrada al castillo, pero el dragón lo engulló con facilidad, sin siquiera cocinarlo con las llamas que era capaz de escupir. Esto le daba una relativa ventaja a los principes genéricos que se acercaran al castillo, ya que de vez en cuando, el dragón se iba de p..." (esto no es un libro infantil me parece). "También se decía que era invulnerable al ataque de cualquier espada excepto la llamada Ufuaocjolane, descripta por los sabios como 'una Excalibur cualquiera, probablemente más berreta'. En fin, el castillo magnífico estaba rodeado por un río de lava, sobrevolado casi constantemente por un dragón magnífico, y en la torre más alta del castillo, había una princesa magnífica. Sin embargo, para cualquier cuento de hadas, los personajes y ambientes no podrían resultar más genéricos. A la princesa le gustaban mucho los animalitos. De vez en cuando por la ventana entraba algún pajarito, generalmente bien cocido por las llamas del dragón. Le gustaban especialmente los gorriones, que le resultaban sumamente sabrosos. Hubiese dado su vida por acariciar un conejito y luego comérselo crudo, pero desgraciadamente los conejos no saben volar, al menos hasta donde sabe la princesa Moe, quien de todos modos era bastante ignorante, como una modelito cualquiera, sin medio dedo de frente. Pero a los tipos los calentaba. Típico.
Cuenta la leyenda que un buen día llegó un príncipe de una tierra lejana y se les rió en la cara a todos los principes de tierras cercanas, diciendo que iba a lograr rescatar a la princesa y llevársela a su reino, donde gobernarían y todos los días tendrían s... muchos hijos."

-¿Muchos hijos todos los días, papá?

-No, no, quise decir muchos hijos, no todos los días. ¿Querés que siga? No me está gustando mucho este cuentito...

-A mi sí, dale pa, seguí.

-Mmm... "El príncipe era alto, grande y musculoso, era famoso en muchas naciones por su gran fuerza y sobre todo por poseer una espada que el aseguraba que era la Ufuaocjolane. Pero el día no fue bueno porque el príncipe, orgullosa y horriblemente genérico, logró salvar a la princesa, sino más bien por lo contrario: su orgullo terminó en el fondo del estomago del dragón, y su cuerpo, junto con las heces fecales del mismo, depositadas en el torrente de lava y transformadas en piedra en poco tiempo. De alguna manera, en el pueblo cercano se enteraron de la muerte del príncipe, y sospecharon que la Ufuaocjolane habría caído en las cercanías del castillo, por lo que muchos temerarios príncipes se aventuraron a buscarla. Lo que se dió a continuación fue una masacre. La mayoría no llegaron ni a ver el puente y ya eran un trozo de carbón como para hacer un buen asadito. Otros se acercaron más, pero no encontraron la espada y murieron después de largas sesiones de tortura sistemática a las que el dragón los sometió. Finalmente uno logró encontrar la espada y utilizarla contra el dragón. Sin embargo, resultó ser que, por lo visto, la espada no era más que una réplica bastante buena (e inmune a las llamas y la lava), porque ni un tajito pudo hacerle al dragón, a pesar de haberlo golpeado varias veces. Enterado de la noticia, el príncipe Andrea..."

-¿Y el príncipe tenía nombre de mujer?

-No, Andrea puede ser nombre de varón.

-Pero suena bastante gay.

-En Italia no.

-Bueno pa, dale.

-"El príncipe Andrea, más pequeño, menos orgulloso, y bastante menos genérico que el resto de los personajes, pero aún con ciertos rasgos de genericidad, decidió salir en busca de la verdadera espada Ufuaocjolane. Un mago amigo le había contado que un mago amigo le había contado que un mago amigo le había contado que en el reino de Strapotianchea había muchos duendes herreros, y que de allí venían la mayoría de las espadas, así que podía ser que los duendes supieran quién podía tener la Ufuaocjolane. Por eso Andrea se dirigió al reino de Strapotianchea a hablar con los duendes herreros de las minas de Juncadella, los cuales al principio lo sacaron rajando, pero Andrea los trató con cariño y amabilidad, a lo que respondieron algunos con piedrazos, y otros con un par de palabrotas, antes de decidirse a ver qué miércole quería ese hinchapelotas. Cuando Andrea les preguntó por la Ufuaocjolane, los duendes no se sorprendieron. Respondieron que la poseía un rey llamado Hugo III Weaving y que no valía un peso; que de hecho, era la peor espada jamás hecha por los duendes, pero que tenía la extraña capacidad de matar a algunos dragones que de tan genéricos perdían cualquier tipo de excepcionalidad y por esa razón podían ser atravesados por cualquier espada hecha por duendes, incluida una de madera, la cual eran capaces de hacer al instante sin cobrar nada por ella. Entonces Andrea dijo que iba a partir para buscar a ese tal rey Hugo. Los duendes se sorprendieron ante la idiotez de nuestro héroe, y le dieron una espada liviana de madera que no parecía resistir mucho, pero que le aseguraron podría derrotar al dragón en cuestión. Entonces Andrea volvió a su pueblo, anunció su partida hacia una probable muerte, y se dirigió al castillo para luchar contra el dragón y salvar a la adorable y excepcionalmente poco excepcional princesa Moe. Se cuenta que la ardua batalla duró semanas, aunque otros dicen que sólo fueron alrededor de 2 horas o aún menos. Tras la batalla, cuenta el mismísimo Andrea en su libro 'Cómo amé a Moe', entró en el castillo y se perdió, y eso también le llevó semanas. De ese tiempo no suele dudarse. Finalmente, después de recorrer varias torres, el príncipe, famélico y con pocas esperanzas, se topó con la fuerte puerta blindada y cerrada por 100 llaves. Irónicamente, todas las llaves estaban puestas en la puerta. Entonces el príncipe entró y vio a la princesa que justo se estaba cambiando, y ahí nomás..." Bueno, no importa. "Y luego los dos se fueron al pueblo, Andrea presentó a Moe a su familia, y después a sus amigos, quienes no podían creer que Andrea la hubiese logrado rescatar y aún menos que él pudiera andar con semejante mina, ya que en lo único que realmente coincidían era en que eran ambos unos cabezas de chorlito. Igual Moe nunca le fue del todo fiel a Andrea, y solía divertirse sin su consentimiento, pero Andrea estaba satisfecho. Moe tuvo muchos hijos, algunos de Andrea, otros no. Uno salió deforme y a la larga terminó en París tocando campanas en la Catedral de Notre Dame, y le hicieron una película de dibujitos. Y no fueron felices para siempre, porque se peleaban bastante seguido y Andrea viajaba mucho para hacerse el capo por haber vencido a un dragón, por más genérico que fuese. Así que al final, la vida de la princesa genérica y maravillosa no resultó tan genérica y maravillosa, pero de todos modos, al no tener nada en la cabeza, le dió lo mismo." Fin. ¿Te gustó el cuentito?
Afortunadamente, el nene ya estaba dormido para cuando el cuento llegó al final, porque el padre no podía dejar de arrepentirse de haberle leído semejante porquería a su pobre hijo, que con algo de suerte no habría entendido las referencias a temáticas adultas.

¿Y chicos, les gustó el cuentito? No tiene nada que ver con la libertad, pero qué se yo. Chau.